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< Provision's Blueprint (en español) >


Translation by Laura Gómez-Liz

Provision's Blueprint

Hay algunas cosas que, a través de los años, le he pedido al Señor que provea:

·         Un papel protagónico en la obra de teatro de la escuela
·         Un novio/esposo, tanto personas específicas como ideales genéricos en general- tanto para mi como para amigos
·         Un corazón protegido de chicos que no eran precisamente buenas noticias –tanto para mi como para otros
·         Un carro (o coche) que funcionara
·         Un ministerio significativo
·         La salvación de mi abuela-y de muchos otros
·         Sanación de una enfermedad terminal en el esposo de una amiga cercana
·         Una autoimagen sana
·         Oportunidades para hablar de Jesús
·         Habilidad para hablar francés bien

Ninguna de éstas peticiones me fue concedida de la manera en que esperaba que iban a ser contestadas cuando pedí por ellas.

Ahora bien, con algunas de ellas, entiendo la respuesta del Señor: dado el desastre que hice cuando me pusieron como la niña número 3 en el coro de la obra “El fantástico Sr. Zorro”, estoy segura que él, en su gracia, me protegió de una humillación peor, en un rol más importante ( perdí mis chanclas en el escenario y me pasé mi corto tiempo de actuación retorciéndome alrededor, intentando sutilmente de esconderlo. No lo logré. Tanto en términos de esconderlo como en  términos de sutileza).

Con otras de éstas peticiones, pude ver como fueron contestadas eventualmente o de manera no convencional; puedo ver la sabiduría y propósito de su respuesta. No, Dios no me proveyó todos los novios/esposos por los que he pedido, y  puedo ver claramente el porqué en la mayoría de los casos! También estoy agradecida por lo que batallar con la soltería me ha enseñado –que estar “sola” con Jesús es mejor que cualquier tipo de relación sin él. No, Dios no me dio un francés impresionante, y aún así me llevó a encontrar mi identidad en él en lugar de en mis palabras, y en esto hay una calidad de gozo más profunda.

Pero algunos de éstos deseos no logrados me han dejado con interrogantes.

La más importante de la lista: ¿Por qué a los de Citroen todavía se le permite hacer carros?

Pero las otras, preguntas más difíciles, incluyen:

-¿Cómo no puede ser la voluntad de mi padre el concederme esto?
-¿No lucen las alternativas más como piedras que pan, o más como serpientes que  pescados?
-¿Cómo continúo pidiendo, cuándo la provisión de Dios luce tan improbable?
-¿Por qué esa respuesta tomó tanto tiempo? ¿De verdad mereció la pena toda la espera?
-¿Es el beneficio o enseñanza de esa oración no contestada digna del costo –tanto para mi como para otros- de no tenerla?
-¿En qué sentido es Dios mi proveedor si él dice que no a todas esas cosas?


Estas preguntas son todavía grandes preguntas para mi.
Pero recientemente he sido animada por la revelación de Abraham en génesis 22: “¡El señor proveerá!”

Abraham esperó años por un hijo. El rogó y batalló y esperó para el que Señor le proveyera de ésta manera, de acuerdo a su promesa. Y el Señor lo hizo. Pero no fue ahí cuando Abraham entendió más profundamente que era la misma naturaleza del Señor el proveer.

La declaración “el Señor proveerá” viene luego-en el monte del Señor.

Aquí Abraham mira su más profunda necesidad, por mucho: un sustituto. A él se le ha pedido sacrificar a su más precioso hijo y su única esperanza para su redención es que “El Señor va a proveer el cordero para el holocausto (verso 8). Para que Isaac viviera, un sustituto es requerido: y luego, justo en el tiempo correcto, una ofrenda es suplida.  Debido a que el Señor aparece, Isaac es librado. Y en ese momento, Abraham ve la verdad acerca de quién es Dios: en el monte del Señor, el Señor proveerá (verso 14).


Pero eso es Abraham, en aquel tiempo,  pero ¿Cómo puedo contestar mi gran pregunta? Si el Señor ha dicho no a éstas cosas, de dónde puedo obtener la convicción de que el Señor es el proveedor?

Si busco esto al pie de mi lista del principio, estoy atada a quejarme y decir: “No, el Señor retiene!”
Pero  si busco al pie de la cruz –en el monte- su revelación es alta y clara. Porque las palabras de Abraham no son solo una declaración, sino una profecía. En el monte, el Señor proveerá: generosamente, eternamente y a un costo mayor para él mismo.

Su provisión es abundante: el no retiene a su Amado. Su hijo, precioso y glorioso es herido para que los pecadores desviados como yo no lo fuesen.

Su provisión es completa: El hace de la vida de Jesús una ofrenda por el pecado: el Padre nos da su muerte, su justicia, su vida resucitada, su gloria.

Su provisión es eterna: un futuro y una esperanza al final de todas las cosas.

Su provisión es infalible: el nos da, en todas éstas cosas, a través de todas éstas cosas, a Sí mismo!

Esta es la máxima y más insondable revelación del carácter de Dios; ésta es la seguridad de que el es el Dador de pan y no piedras; ésta es la demostración fundamental de su tierna bondad y excesiva generosidad y gran amor.

Si Abraham pudo declarar en el monte “El Señor proveerá”- ¿Cuánto más, no podremos nosotros declararlo, en el Calvario? Si cada punto de mi lista se me hubiese dado  la primera vez que lo pedí – esas recompensas (o respuestas) no serían ni la mitad de convincentes  del testimonio de la abundancia de la naturaleza generosa como lo es la cruz.


Algunas de mis preguntas permaneces sin responder. Todavía lucho con deseos no cumplidos. Pero, ¿Puedo confiadamente declarar “El Señor provee”?

En el monte del Señor, mil veces, SÍ!


El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? Ro. 8:32

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